Deporte sin reglas de género

Pese a los avances constitucionales en cuanto a que el deporte es un eje transversal para mejorar la calidad de vida de la población, estos no se ven efectivizados en la vida cotidiana debido a prejuicios y estereotipos.

Está a punto de comenzar un partido de tenis en las instalaciones de un polideportivo madrileño, en España. Amigos y familiares de ambos oponentes se aglutinan en las gradas. Antes de que los participantes salten a la pista, un hombre del público le roba un beso a uno de los tenistas, su novio. Justo en ese momento, se oye a alguien del público exclamar: “¿Por qué tienen que hacer eso? Hay niños”.

En un mundo ideal, el deporte no tendría que usar etiquetas y tampoco sería necesario crear equipos que integren a personas atraídas por los de su mismo sexo, o que su identidad de género no se corresponda con su documentación. Esto implicaría que el deporte sería libre de discriminación, insultos y acoso.

Pero la realidad es muy distinta tanto en Ecuador como en el resto del mundo. Asociaciones LGBTI crean cada día equipos que reúnen a miembros del colectivo que simplemente quieren jugar o hacer deporte sin ser acosados o discriminados.

Según la Primera Investigación Sobre las Condiciones de Vida, Inclusión Social y Derechos Humanos de la Población LGBTI que realizó el INEC, de 2.805 entrevistados, el 15,1% de personas de este colectivo en Ecuador participa de forma activa en algún grupo o movimiento deportivo.

De acuerdo con la psicóloga Tania Rocha, especialista en temas de socialización del género, la dificultad de expresar las preferencias sexuales en un ámbito como el deporte se debe a que es un espacio históricamente pensado para los varones. “La manera en que se han elaborado las lógicas de competencia dejan fuera conductas que no son acordes con una idea de lo masculino”, asegura la profesional.

La Agenda Nacional de las Mujeres y la Igualdad de Género 2018-2021 tiene valoraciones concluyentes en ese sentido. El documento asegura que a pesar de los avances constitucionales que consideran que la recreación, la actividad física y deportiva son un eje transversal para mejorar la calidad de vida de la población, estos no se ven efectivizados en la vida cotidiana debido a la existencia de prejuicios y estereotipos que actúan como limitantes para que las mujeres y las personas LGBTI realicen actividades deportivas o recreativas.

También señala que el deporte se constituye en una “escuela de virilidad” y de difusión de valores masculinos, lo que conlleva a situaciones de desigualdad y violencia hacia las mujeres y personas LGBTI, manteniendo su subordinación absoluta al género masculino.

Según María Sol Mite, presidenta de la Coalición de Mujeres Trans del Ecuador “Casa de las Muñecas”, el fútbol es el deporte más discriminatorio. “Los patrones socioculturales establecen que el futbolista debe ser mujeriego y en ese espacio patriarcal no hay espacio para jugadores homosexuales declarados, por eso revelan sus orientaciones sexuales cuando se retiran para no afectar sus carreras”, opina Mite, quien desde la organización que preside fomenta la no vulneración de los derechos de los LGBTI.

Para erradicar aquello -explica- el cambio debe implementarse en todos los niveles del deporte. Los temas LGBTI son claves en sus cursos de introducción a la gestión deportiva y la gestión de servicios deportivos.

“Desde el momento en que los niños comienzan a practicar deportes, están expuestos a un lenguaje que tiene una carga negativa para las personas LGBTI. Por ejemplo, los padres y entrenadores pueden considerar aceptable llamar a los niños “maricones”. Necesitamos educar a los progenitores y técnicos para que hagan que el ambiente sea más solidario y acogedor”, agrega María Sol Mite.

Lía Burbano, directora Ejecutiva de Fundación Mujer & Mujer, afirma que el deporte brinda pocos espacios a las personas LGBTI, pero no de forma visible porque deben “batallar” con la discriminación y la violencia que se ejerce en el control de sus libertades. “Estamos presentes en todos los espacios de la sociedad, incluido el deporte, pero no de una manera libre y feliz”, asegura Burbano.

Pero si bien los gais y lesbianas luchan por abrirse espacio en el ámbito deportivo, las personas transexuales están ocultas, invisibilizadas e imposibilitadas de practicar deportes profesionalmente.

Las últimas olimpiadas LGBTI se realizaron en Guayaquil hace 10 años. Después la Fundación Mujer & Mujer organizó campeonatos relámpagos que tuvieron buena aceptación. Uno de ellos se realizó en General Villamil Playas y fue abierto al público. Pero se dejaron de organizar porque el activismo estableció nuevas prioridades.

Lía Burbano considera que para contrarrestar la discriminación social, las agrupaciones LGBTI deben organizarse para realizar sus propios torneos, porque el deporte oficial en el país y en el mundo entero no le da cabida a la diversidad sexual. (I)

Fuente: Diario El Telegrafo.


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