Crecimiento vertical de Quito ayudará a la descongestión vehicular

El Plan del Uso y Gestión de Suelos, aprobado en septiembre, tiene como objetivo el crecimiento vertical. Pero, en su elaboración no se tomó en cuenta cómo influirá el Metro.

Quito es varias ciudades en una sola y sus edificaciones dan cuenta de eso; si bien estas no superan los 20 pisos, existe una proyección para construcciones más altas (hasta 32 pisos), con mayor concentración en el norte.

Por ejemplo, en los sectores entre La Carolina y la avenida Patria se visualizan estructuras altas. Mientras que en el centro y el sur, el número de pisos disminuye.

Santiago Guarderas, alcalde de Quito, dijo que dará seguimiento al Plan del Uso y Gestión de Suelos que establece parámetros para el crecimiento de la ciudad, que se planea hacer de manera uniforme y vertical.

Punto a favor contra el embotellamiento

 El urbanista Diego Herrera indica que el planteamiento del Plan busca ‘descongestionar’ a la urbe para que no se concentre su movimiento en una sola zona, a eso se le conoce como ciudad policéntrica.

Por eso el Plan dividió a Quito en tres tipos de centralidades:

  • Cinco a escala metropolitana: Parque Bicentenario, La Carolina, La Mariscal, Centro Histórico y Quitumbe.
  • Veinte que se subdividen en centralidades zonales y locales.
  • Las zonales están formadas por parroquias como Calderón, Conocoto o San Antonio. Mientras que las locales contienen a barrios más pequeños del norte y sur.

“El objetivo es que en cada zona haya acceso a servicios púbicos y privados y que la ciudadanía no deba invertir mucho tiempo en movilizarse para hacer trámites. Esto se hace en grandes urbes, donde a medida que crece la población, crece el patio automotor y, como hemos visto, el tráfico se vuelve insostenible”, agrega Herrera.

Andrea Benavides, urbanista experta en territorio y desarrollo sostenible, explica que las aglomeraciones en las urbes verticales son cuatro veces menores que las horizontales. “Un caso específico es México, donde a la población le toma entre dos y tres horas movilizarse porque las colonias crecieron de manera horizontal tratándose de alejar de la centralidad. Pero, con las expansiones de las ciudades y su crecimiento poblacional, el modelo se vuelve insostenible”, explica.

Aprovechamiento de recursos renovables

Las construcciones verticales permiten un mejor aprovechamiento del espacio, así como una mejor utilización de los recursos. Benavides dice que la labor del Municipio de Quito será implementar lineamientos para que las edificaciones sean autosuficientes, es decir, que estén capacitadas para utilizar fuentes de energía renovables o captar agua de lluvia.

Por su parte, el secretario de Territorio Hábitat y Vivienda del Municipio, Vladimir Tapia, durante sus intervenciones ante el Concejo Metropolitano, ha destacado que una de las ventajas del crecimiento vertical es la redistribución de la densidad poblacional.

Actualmente, Quito cuenta con un promedio de 50 habitantes por hectárea (la norma internacional dice que deben ser al menos 150), especialmente en zonas del hipercentro. Mientras que existen sectores como Solanda, La Bota o el Comité del Pueblo donde hay hasta 400 habitantes por hectárea. Lo ideal es que por hectárea haya 200.

Por eso, Benavides cree que ante el crecimiento poblacional la idea de vivir en casas o multifamiliares debe desaparecer.

Más dinero para el Municipio

El crecimiento de Quito está normado con límites máximos por cada zona. Sin embargo, el Municipio podrá acceder a una concesión onerosa de derechos (pago por metro cuadrado de los pisos extras), es decir, si una constructora quiere tener edificios con más pisos hacia arriba deberá pagar.

Esto, según Tapia, podría hacer que a las arcas municipales lleguen hasta $15 millones por este impuesto que se destinaría a la construcción de infraestructura en barrios populares.

 Trabas del modelo

 Pero tanto para Herrera como para Benavides, dicen que este Plan no establece un proyecto de ciudad basado en las nuevas dinámicas que adoptó la población tras la pandemia de la Covid-19.

Por ejemplo, “las personas ya pueden trabajar desde casa, entonces no ven la necesidad de salir de zonas periféricas”, dice Benavides. Para la experta, tampoco se toma en cuenta el papel que tendrá el Metro en cuanto al desarrollo urbano o qué tipo de expansión se proyecta a futuro.

“Tener en el limbo a una obra tan cara e importante pone trabas al modelo de ciudad que ahora mismo no existe. Sin duda, las dinámicas sociales cambiarán cuando opere el Metro y seguramente este Plan de Uso de Suelo deberá sufrir cambios”, agrega.

FUENTE: LA HORA (EC)


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